Freak Wars y el torneo de Warhammer 40.000

Publicado el 17 septiembre, 2022

Había ganas de torneo. Había muchas ganas de torneo. Y, sobre todo, había muchas ganas de torneos grandes, como los prepandemia. Sí, sé que este no es el primero, pero sí ha sido el primero en Madrid, con la importancia demográfica que ello tiene, y no solo demográfica, sino también para la gente que venimos de fuera: gente de Andalucía, Baleares, Aragón… que tiene mucho más fácil llegar a Madrid que a otros lugares.

Este fin de semana hemos disfrutado en la Villa y Corte de un evento que todos los que hemos participado llevábamos esperando meses: el torneo de las Freak Wars, de vuelta a las mesas y dejando de lado los ordenadores y los simuladores, con nuestras minis pintadas y cuyas peanas se terminaron a las 2 de la mañana de la noche anterior.

La Casa de Campo, Pabellón de Cristal

El lugar elegido para la celebración fue la Casa de Campo, más concretamente, el Pabellón de Cristal. Es un edificio enorme en mitad del histórico parque madrileño, donde normalmente se celebran exposiciones y eventos como este, y es un espacio enorme. Con tres plantas, es ideal para montar allí cualquier feria.

La bienvenida al interior del recinto (foto: Saguardia)

Los torneos estaban situados en la primera planta, justo por la que había que entrar. En la planta baja estaba la feria con todos los puestos, stands y el bar.

Los horarios

Se nos convocó a las 8:30 del sábado. Había una cola bastante grande y la espera se hizo un poco larga, pero nada desesperante. Cuando entramos nos dirigimos directamente a nuestra mesa, que ya se nos había informado cuál sería vía aplicación de móvil. Los dos equipos organizaban los emparejamientos y jugaban.

Edificios en ruinas, búnkeres y bosques (foto: Marcelo el orko)

La primera partida era hasta las 13:00, y la segunda acababa a las 15:30. Ahí había una pausa para comer de una hora y media (se agradece que fuera larga, se necesitaba descansar) y se retomaba la acción a las 17:00 hasta las 20:00.

Al día siguiente, con competición solo por la mañana, fue igual, pero la cola de entrada avanzó mucho más rápido y la última partida duró hasta las 16:00. Después se realizó una entrega de premios en la que todos los equipos recibieron algo (incluida la tradicional cuchara de palo para el último clasificado) y para casa.

El espacio era muy amplio, y el torneo de 40k el más numeroso (foto: Marcelo el orko)

El espacio y las mesas de juego

El torneo de 40.000 era el más grande y el ala izquierda del pabellón estaba llena de mesas para nosotros. La verdad es que es en los detalles donde está el secreto, y la organización cumplió.

Los tapetes tenían marcados los objetivos con varios números, dependiendo de cada misión. Así, por ejemplo, un objetivo podía tener los números 12/23, que indicaba que esas eran las misiones a las que correspondían. También estaban marcadas las zonas de despliegue. Estas dos características hicieron que el despliegue y el inicio, así como el movimiento y el control general del terreno fueran fáciles e intuitivos.

La escenografía era sencilla, formada por cajas de plástico, las clásicas en que vienen botellas, cortadas y pintadas. Habrá quien sea más o menos exigente, cada uno a su gusto, pero mi opinión es que aparentaban bastante bien ser estructuras de un mundo posapocalíptico 👏 No solo había cajas, también había esceno temática: paredes, máquinas de construcción abandonadas, edificios en ruinas… incluso una mesa representaba un angosto paso montañoso y estaba muy elaborada. Muy chulo todo.

Paredes ruinosas y bosquecitos (foto: Jota)

¡El torneo!

Después de hablar de generalidades, ahora vamos a tratar particularidades. Voy a comentaros cómo fue mi torneo suicida de 40k 😅 Y sí, fue suicida porque, llevando necrones, no elegí la famosa dinastía fullera (movimiento prepartida, todo objetivo seguro). De algo menos de 20 participantes necrones, solo dos optamos por no llevar la subfacción de moda. 

Ya os hablé en otro artículo de mi dinastía favorita (y por aquí os dejamos otro artículo sobre ellos), tanto por trasfondo como por modo de juego, así que yo, siempre fiel a mi faerón, me lancé de cabeza al torneo con mi amada Novokh. 

  • Mi lista era sencilla, enfocada claramente al cuerpo a cuerpo: Rey Silente, Anrakyr, dos tecnomantes (uno con el velo para teletransportar), 2×10 necrones con segador gauss, 1×5 inmortales, 2×6 skorpekhs, 2×10 desolladores, 1×3 cucarachas, 1×4 cucarachas y el portador de la noche. 

Mi primera partida fue contra los Ángeles Sangrientos. Estaba complicado, yo iba a cuerpo a cuerpo y me enfrentaba a alguien que me superaba por mucho en lo que yo pensaba que era mi fuerte. No podía lanzarme al combate y tenía que medir bien las cargas. 

Para ser sincero, no tuve en ningún momento la sensación de que la partida fuera una debacle, pero los puntos hablan por sí solos: 100 – 54. Primera partida perdida. Mi rival supo jugar muy bien sus unidades y colocarse en la mesa de forma excelente. 

Después de perder, pensé que ahora me tocaría ganar (falsas ilusiones de un principiante en torneos grandes 😅). 

Mi siguiente rival fue Drukhari. La partida estuvo muy igualada, ambos estuvimos por delante en diferentes momentos y un combate entre los skorpekhs y los grotescos se alargó durante toda la partida en el centro de la mesa sin que nadie pudiera matar a nadie (para mi desesperación, las tiradas de salvación continuas de 5 y 6 que tenía mi rival hicieron que esa unidad fuera inmortal). Cuando terminó la batalla, había perdido 90 – 79. Había rozado la victoria, pero había vuelto a perder. 

La siguiente partida la doy por inválida. De hecho, me comentaron que la imputara, pero no me apetecía el proceso. Fue contra Hermanas de Batalla, y el fallo estuvo en la interpretación de las reglas de la misión. Mi rival me comentó (no creo que tuviera ninguna mala intención) que los objetivos solo podían arrebatarse con unidades con la regla objetivo asegurado si anteriormente habían sido controladas con unidades con esta regla. Eso hizo que estuviera en desventaja, puesto que solo mis tres unidades más débiles la tenían, mientras que él contaba con varias más. Además, según él (insisto, creo que no había malas intenciones detrás), en los combates podía destrabarse eliminando las minis que estaban en contacto peana con peana como primeras bajas. Preguntamos incluso en la mesa de al lado y nos dijeron que era así. Pero, claro, no lo es. Consejo: preguntad siempre al árbitro.

Los dos combates en que pasó esto eran importantes, aunque no determinantes, y lo de los objetivos determinó la marcha de una partida que, de haber jugado con las reglas buenas, hubiera ido de forma totalmente diferente. 

En fin, creo que quedamos 100 – 54 o algo así, pero, personalmente, la considero inválida. 

Al día siguiente me enfrenté a Ángeles Oscuros, y la verdad es que fue una de estas batallas por las que merece la pena Warhammer 40.000. Igualadísima hasta el último momento. Tenía claro que debía eliminar cuanto antes a sus motos e ignorar tanto cuanto fuera posible a sus termis. Conseguí esquivar una unidad de 10 termis y eliminar dos de 5, controlé 3 objetivos de 5 casi toda la partida y los desolladores cayeron desde otra dimensión y con una carga gloriosa arrebataron a mi rival el objetivo de su zona de despliegue. Victoria 79 – 69. Fue una partida trepidante. 

La partida de despedida fue contra Necrones, y mi rival sí llevaba la dinastía fullera. Desde el principio sabía que no tenía nada que hacer. La elección de subfacción había decidido la partida previamente. Estábamos los dos realmente cansados y decidimos jugarla muy relajadamente. Ni siquiera sé cuánto quedamos, pero fue una clara victoria para mi rival. Lo único destacable es que sacrifiqué mis dos unidades de skorpekhs para matar al Rey Silente, y lo conseguí.

Me gustaría hacer una mención especial a los desolladores, que hicieron un torneo excepcional, y otra al portador de la noche por todo lo contrario: no tuvo un buen fin de semana.  

Debo añadir que todos mis rivales fueron muy simpáticos y amables, y que todos se caracterizaron por el juego limpio, amabilidad y flexibilidad. 

Si, por alguna casualidad, alguno me lee: ¡fue un placer jugar contigo! 

Los mil hijos paseándose con, seguro, sus heréticos pensamientos (foto: Luis HighWall)

La feria

Aunque los participantes en los torneos más grandes teníamos poco tiempo para disfrutar de ella, la verdad es que lo poco que pude ver me pareció muy atractivo.

No solo había puestos de minis, también de pintura, de cajas de transporte, bandejas de movimiento…

Cabe mencionar el stand de Goblin Trader, que con su siempre simpático personal atendía a cualquiera que quería información sobre sus muy buenas ofertas. Un amigo se compró la caja de Warhammer Underworlds por 40 euros, 16 euros más barato de lo habitual.

La organización e impresiones finales

El equipo de organización, hasta donde pude ver, estaba formado por varios árbitros, que se paseaban por las mesas, un jurado de pintura (que estuvo analizando los ejércitos a lo largo del sábado sin interrumpir ninguna partida), y el resto del staff. Todos muy amables y disponibles para cualquier duda.

Los custodes y los chikoz se enfrentaron en este épico paso montañoso (foto: Marcelo el orko)

Además, salvo algún caso aislado, que siempre tiene que haber por una mera cuestión de estadística, la mayoría de los participantes, según mi experiencia, la de mis conocidos y el resto de mi equipo, fueron agradables, legales y todos teníamos, en general, ganas de pasarlo bien sin entrar en polémicas sobre reglas o competitividad.

Ha sido un fin de semana para recordar, lleno de dados, lleno de indeseables tiradas de 1, de risas, conversaciones, lleno de caras nuevas y lleno de Warhammer. Mucho Warhammer.

Eso sí, los que superamos los 30 tardamos un par de días en recuperarnos 😂

—  Ber [El caballero necrón]

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